El tenista estadounidense, número 6 del mundo, venció 6-4 y 6-4 a nuestra primera raqueta, quien también brindó buenos momentos
Patrick Espejo
El Comercio
¿Cómo se hace para detener un servicio tan poderoso como el de Andy Roddick?, le preguntaron a Luis Horna ayer al mediodía. Y el peruano tuvo la clave: “He pedido a Barbolat que me haga una raqueta más grande de lo usual para poder contestarle”. Y es que el “Bombardero de Nebraska” tuvo algunos servicios espectaculares a lo largo de las casi dos horas que duró la exhibición que cumplió anoche en el Jockey Plaza, en una cancha artificial, que contó con la presencia de unas 4.200 personas.
Quizá la fiesta tenística habría sido completa si los organizadores, que cuidaron cada uno de los detalles de este partido, hubieran instalado un medidor de velocidad. Pero al final eso no importó. El estadounidense se mandó una lección de saques, moviendo los pies, impulsándose h cia arriba y metiendo una potencia inusitada a la pelota para conseguir un total de siete “aces”.
Los números dirán que Roddick, quien durante nueve semanas fue el número 1 del mundo, se presentó el 7 de abril, que jugó 82 minutos y que acabó llevándose el partido y los aplausos tras un doble 6-4.
Si durante el día dio la impresión de ser un tipo serio y algo altanero, en la cancha Roddick fue todo un maestro. Enseñó pasajes de un tenis de altísimo nivel y mostró golpes que los peruanos solo podemos ver por TV, como esos tiros cruzados, su revés a dos manos y algunos “passing shots” que lo han caracterizado y que le permitieron alcanzar un título de Grand Slam (US Open 2003), otras dos finales del máximo circuito (Wimbledon 2006 y 2007, las que perdió ante Roger Federer) o como las que mostró en el 2007, cuando fue el artífice de aquel título de Copa Davis que ganó Estados Unidos.
Incluso se dio maña para hacer algo de espectáculo. Bromeó con los recogebolas, lanzó un par de pelotas al público, aunque el más feliz de todos fue un chiquillo que literalmente voló desde la tribuna principal (occidente para hacer una referencia con el Estadio Nacional) y atrapó una raqueta que el estadounidense lanzó a la zona aledaña a la cancha. Roddick, al ver la elasticidad y los reflejos del joven, aceptó regalarle la raqueta, la que, seguramente, él colgará en un cuadro como el trofeo más importante jamás obtenido.
Lucho hizo un gran partido y no dio la impresión de estar fuera de forma o de distancia, aunque, claro, el duelo fue amistoso. Corrió bien, mandó varias bolas muy buenas que levantaron a los aficionados de sus asientos y, en ocasiones, divirtió a los hinchas con algunos intentos de “funny” tenis. No habló mucho al final, todavía no confirmó si estará en Quito defendiendo los colores del equipo peruano de Copa Davis, pero por lo menos ayer se divirtió en la cancha y volvió a recibir el aplauso de la afición tras 5 meses de ausencia.
La presencia del ex número 1 fue tan rápida y fugaz como su saque. Llegó a las 6:30 de la mañana, atendió a la prensa al mediodía, a las 2:30 p.m. firmó autógrafos, una hora después dirigió una clínica a unos 100 niños que recibieron algunos secretos de su juego, y sobre las 8:25 p.m. comenzó a jugar ante Horna, para luego cambiarse y dirigirse al aeropuerto y viajar a las 1:00 a.m. de hoy rumbo a Santiago de Chile, donde esta noche jugará otro partido de exhibición, esta vez ante el ídolo local, el “Chino” Marcelo Ríos.
Con la presencia de un tenista de esta categoría, el Perú nuevamente es una escala para los deportistas de talla mundial. Un esfuerzo que hay que agradecer a Powerade, Caras, Lacoste, Swissôtel, DirecTV, Cusqueña, Peugeot y Jockey Plaza y a todos los que trabajaron para que pudiera venir.
Patrick Espejo
El Comercio
¿Cómo se hace para detener un servicio tan poderoso como el de Andy Roddick?, le preguntaron a Luis Horna ayer al mediodía. Y el peruano tuvo la clave: “He pedido a Barbolat que me haga una raqueta más grande de lo usual para poder contestarle”. Y es que el “Bombardero de Nebraska” tuvo algunos servicios espectaculares a lo largo de las casi dos horas que duró la exhibición que cumplió anoche en el Jockey Plaza, en una cancha artificial, que contó con la presencia de unas 4.200 personas.
Quizá la fiesta tenística habría sido completa si los organizadores, que cuidaron cada uno de los detalles de este partido, hubieran instalado un medidor de velocidad. Pero al final eso no importó. El estadounidense se mandó una lección de saques, moviendo los pies, impulsándose h cia arriba y metiendo una potencia inusitada a la pelota para conseguir un total de siete “aces”.
Los números dirán que Roddick, quien durante nueve semanas fue el número 1 del mundo, se presentó el 7 de abril, que jugó 82 minutos y que acabó llevándose el partido y los aplausos tras un doble 6-4.
Si durante el día dio la impresión de ser un tipo serio y algo altanero, en la cancha Roddick fue todo un maestro. Enseñó pasajes de un tenis de altísimo nivel y mostró golpes que los peruanos solo podemos ver por TV, como esos tiros cruzados, su revés a dos manos y algunos “passing shots” que lo han caracterizado y que le permitieron alcanzar un título de Grand Slam (US Open 2003), otras dos finales del máximo circuito (Wimbledon 2006 y 2007, las que perdió ante Roger Federer) o como las que mostró en el 2007, cuando fue el artífice de aquel título de Copa Davis que ganó Estados Unidos.
Incluso se dio maña para hacer algo de espectáculo. Bromeó con los recogebolas, lanzó un par de pelotas al público, aunque el más feliz de todos fue un chiquillo que literalmente voló desde la tribuna principal (occidente para hacer una referencia con el Estadio Nacional) y atrapó una raqueta que el estadounidense lanzó a la zona aledaña a la cancha. Roddick, al ver la elasticidad y los reflejos del joven, aceptó regalarle la raqueta, la que, seguramente, él colgará en un cuadro como el trofeo más importante jamás obtenido.
Lucho hizo un gran partido y no dio la impresión de estar fuera de forma o de distancia, aunque, claro, el duelo fue amistoso. Corrió bien, mandó varias bolas muy buenas que levantaron a los aficionados de sus asientos y, en ocasiones, divirtió a los hinchas con algunos intentos de “funny” tenis. No habló mucho al final, todavía no confirmó si estará en Quito defendiendo los colores del equipo peruano de Copa Davis, pero por lo menos ayer se divirtió en la cancha y volvió a recibir el aplauso de la afición tras 5 meses de ausencia.
La presencia del ex número 1 fue tan rápida y fugaz como su saque. Llegó a las 6:30 de la mañana, atendió a la prensa al mediodía, a las 2:30 p.m. firmó autógrafos, una hora después dirigió una clínica a unos 100 niños que recibieron algunos secretos de su juego, y sobre las 8:25 p.m. comenzó a jugar ante Horna, para luego cambiarse y dirigirse al aeropuerto y viajar a las 1:00 a.m. de hoy rumbo a Santiago de Chile, donde esta noche jugará otro partido de exhibición, esta vez ante el ídolo local, el “Chino” Marcelo Ríos.
Con la presencia de un tenista de esta categoría, el Perú nuevamente es una escala para los deportistas de talla mundial. Un esfuerzo que hay que agradecer a Powerade, Caras, Lacoste, Swissôtel, DirecTV, Cusqueña, Peugeot y Jockey Plaza y a todos los que trabajaron para que pudiera venir.

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